El rechazo del ser.
Escena en la corte donde despiertas en un espacio entre hombres serios, uno de ellos toma el estrado y de su boca teje un discurso brutal hacia tu persona, alza el puño hacia los frescos de la corte, apuntando la musculatura de los hombres dibujados en el techo, te distraen los colores pasteles que parecen secuestrarte del momento para que no escucharas a los necios hombres, y te adentraras en el mundo extenso y fantastico del artista ya muerto hace siglos.
Vuelves a sentarte al escuchar tu nombre, miras al juez quien te pregunta si tienes alguna objeción.
¿Acaso dijo alguna mentira, su señoría?
Su crimen, joven, es el más serio de todos. ¿Está consciente de que ésta vida es suya y debe tomar responsabilidades que significarán sufrimiento?
¿Acaso perderé la cabeza?
La enviaremos en un viaje sin rumbo, enfrentando a quienes cruce camino, malos y buenos, difuntos y vivos, fantasia y realidad. Un viaje tan confuso, joven, que nunca sabrá si saldrá de él, pues no sabe con certeza dónde se encuentra o si lo que ve corresponde a la realidad.
Pero su señoría, he caminado esos pueblos toda mi vida, es mi situación en cada ciudad que visito, en cada rincón del mundo, en cada hombre y mujer que saludo.
¿Cuando, señoria, me pregunto podré ir a casa?
Ya se cerró sesión, muchacha. Es hora de partir a tu destino.
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